Bienvenidos al Frente Negro

viernes, 20 de septiembre de 2013

Nihilismo Revolucionario en Dostoyevsky (I)

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Por Fiódor Dostoyevski
 
-¿Pero usted por qué supo que el articulo era mío? estaba firmado con una letra... 
 
- Fue por casualidad, en estos días. A traves de un redactor del que soy conocido... me interesó mucho.

- Yo examinaba, lo recuerdo bien, el estado psicológico del criminal en la prosecución de todo el desarrollo del crimen.
 
- Si, e insiste en que el acto de cometer un crimen siempre está acompañado de la enfermedad. Muy pero muy original, pero... no es ésta parte de su articulito lo que me ha interesado, sino cierta idea, filtrada al final del artículo, pero que usted, lamentablemente, solo plantea como alusión, confusamente... en una palabra, si recuerda usted, se plantea alguna alusión a que es como si existieran en el mundo ciertos individuos, que pueden... vale decir no que pueden, sino que tienen el pleno derecho de cometer cualquier clase de excesos y crímenes, y que es como si la ley no estuviera escrita para ellos. 

Raskólnikov sonrió maliciosamente ante la forzada y premeditada alteración de su idea. 

-¿Cómo? ¿Qué es esto? ¿Derecho al crimen? pero no porque "el medio te ha devorado" -inquirió incluso algo asustado Razumijin.

-No, no, no del todo por eso -contestó Porfiri- el asunto está en que en el artículo de él, las personas de algún modo se dividen entre "comunes" y "fuera de lo común". Las personas comunes deben vivir sumisas y no tienen derecho a pasar por sobre la ley, porque, a ver, son comunes. Pero las fuera de lo común, tienen derecho a cometer cualquier crimen y transgredir la ley de cualquier modo, particularmente por que son fuera de lo común. Así lo dice usted, me parece, salvo que me equivoque. 

-¿Pero cómo es eso? ¡No puede ser que sea así!- murmuró perplejo Razumijin. 

Raskólnikov sonrió de nuevo maliciosamente. De golpe comprendió donde estaba el punto y contra que lo querían hacer chocar; el recordaba su artículo. Resolvió aceptar el desafío. 

-No es del todo así como yo lo plantee - comenzó con sencillez y molestia-. Por otra parte, reconozco que usted lo ha expuesto casi fielmente, incluso, si quiere, con perfecta fidelidad... (Era como si le agradara consentir que con perfecta fidelidad). La diferencia está únicamente en que yo no insisto en absoluto en que las personas fuera de lo común estén obligadas a realizar sin falta cualquier exceso, como usted dice. Me parece incluso que un artículo así no lo hubieran publicado en la prensa. Yo sencillamente aludí a que la persona "fuera de lo común" tiene el derecho... es decir no el derecho oficial, sino que ella misma tiene el derecho de dejar que su conciencia pase por encima... de cortos obstáculos, y únicamente en aquel solo caso en que el cumplimiento de su idea (que a veces puede ser quizás salvadora para toda la humanidad) lo exija. Usted tiene la bondad de decir que mi artículo es confuso, yo estoy dispuesto a aclarárselo en lo posible. Quizá no me equivoque si supongo que, al parecer, es eso lo que usted quiere. Permítame. Para mi, si los descubrimientos de Kepler o de Newton, a consecuencia de algunas combinaciones, no hubieran tenido modo alguno de ser conocidos por la gente salvo sacrificando la vida de una, diez, cien personas o más, que estuvieran estorbando este descubrimiento o que fueran obstáculos en el camino, entonces Newton hubiera tenido derecho, e incluso hubiera estado obligado.... a sacar del medio a estas diez o cien personas, para hacer conocer su descubrimientos a toda la humanidad. De eso, por otra parte, no se sigue que Newton tuviera el derecho de asesinar a quien fuera que se encontrarse o atravesase, o de robar todos los días en el mercado. Más adelante, recuerdo, desarrollo en mi artículo que todos... hm, por ejemplo, aun los legisladores y fundadores de la humanidad, empezando por los más antiguos, siguiendo por los licurgos, solones, mahomas, napoleones y demás, todos hasta el último fueron criminales, ya que con el sólo hecho de que al dar una nueva ley violaron por lo misma la vieja, religiosamente reverenciada por la sociedad y procedente de sus padres, y por supuesto no se pararon ni ante la sangre, si la sangre (a veces completamente inocente y derramada con valentía por defender la vieja ley) era lo único que podía ayudarlos. Es notable incluso que la mayor parte de estos benefactores y fundadores de la humanidad hayan sido terribles derramadores de sangre. En una palabra, yo deduzco que todos, no sólo los grandes, sino también los que se salen un tanto del carril, vale decir los que incluso son un tanto capaces de decir algo nuevo, deben, por su naturaleza, ser sin falta criminales... en mayor o menor medida, se entiende. De otra manera les sería difícil salirse del carril, y por supuesto tampoco pueden consentir, de nueva por su naturaleza, en quedarse en el carril, y para mí incluso están obligados a no consentir en eso. En una palabra, usted ve, hasta ahora no hay nada particularmente nuevo. Esto ha sido impreso y leído mil veces. En lo que respecta a mi división de las personas entre comunes y fuera de lo común, estoy desacuerdo en que es un tanto arbitraria, pero tampoco insisto en cifras exactas. Solamente creo en mi idea principal. Ella consiste precisamente en que la gente, por una ley de la naturaleza, se reparte generalmente en dos categorías: en una inferior (la gente común), vale decir, por así expresarlo, material, que sirve únicamente para engendrar seres semejantes a ella misma y en personas propiamente dichas, vale decirlos que tienen el don o el talento de decir en su medio "una palabra nueva". Aquí las subdivisiones, se entiende, son infinitas, pero los rasgos que distinguen ambas categorías son bastante abruptos: la primera categoría, la material, hablando en general, son personas por naturaleza conservadoras, ceremoniosas, viven en sumisión y les gusta ser sumisas. Para mí, están obligadas a serlo, porque este es su designio, y en eso decididamente no hay para ellas nada más humillante. La segunda categoría, todas trasgreden la ley, son subversivas o propensas a ello, a juzgar por sus capacidades. Los crímenes de esta gente, se entiende, son relativos y diversos; en su mayor parte exigen, en muy disimiles manifestaciones, la destrucción de lo presente en nombre de lo mejor. Pero si fuera preciso, para su idea, pasar por encima aunque fuera de un cadáver, de sangre, en su interior, a conciencia, estos hombres pueden para mi darse el permiso de pasar por sobre sangrar... mirando, por otra parte, según su idea y la dimensión de esta... ténganlo en cuenta. Solamente en este sentido hablo en mi artículo de su derecho al crimen. Además no hay nada de qué alarmarse mucho, la masa casi nunca le reconoce este derecho, lo codena a muerte y lo cuelga (en mayor o menor medida) y con ello, lo cual es perfectamente justo, cumple su designio conservador, solo que por lo mismo, en las generaciones siguientes, esta misma masa pone a los ajusticiados en un pedestal y se inclina ante ellos (en mayor o menor medida) la primera categoría es siempre dueña del presente, la segunda, dueña del futuro. Los primeros cuidan el mundo y lo acrecientan un tanto numéricamente, los segundos mueven el mundo y lo conducen a un objetivo y tanto unos como otros tienen absolutamente el mismo derecho de existir. En una palabra, en mi artículo todos tienen un derecho equivalente, ¡¡¡¡y viva la guerra eterna!!!! Hasta la nueva Jerusalén, se comprende.

* DOSTOYEVSKI, F. Crimen y Castigo. Colihue. Buenos Aires. 2007. Págs. 317-324

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